Hirundo rupestris (Avión roquero)

14 cm. Golondrina sedentaria en la Península Ibérica de color pardo; se distribuye por el sur de Europa, norte de África y zona montañosa sur de Asia; frecuente en zonas rupícolas de la Península Ibérica.

Es algo más grande que la golondrina común, su color es muy monótono, con partes superiores pardas y partes inferiores pardo claro, garganta clara, patas cortas y oscuras, pico corto, negro y ancho, la cola es corta y cuadrada, no está ahorquillada y tiene manchas blancas visibles redondas por la parte inferior y alargadas por la parte superior cuando la extiende en vuelo. Los jóvenes son algo más claros.

El avión zapador es parecido, pero tiene un semicollar casi blanco y las partes inferiores son mucho más claras, a parte de sus distintos hábitat.

El avión roquero es un ave rupícola, se instala en cortados rocosos, gargantas fluviales y construcciones rústicas, también en cuevas y bajo puentes, en invierno hace movimientos hacia zonas más bajas, es decir, altitudinales, instalándose en humedales, zonas rocosas costeras, etc., evitando el frío intenso y así poder continuar alimentándose.

En primavera y verano es solitario o en pequeñas colonias dispersas, en invierno se reúnen en dormideros de cientos de individuos, agrupándose en paredes rocosas o cuevas para dormir.

Insectívoro, caza los insectos en vuelo, es muy preciso volando, recorriendo a pocos centímetros las paredes verticales a gran velocidad.

Anida en grietas de roca, bajo saliente, bajo puentes, etc, para ello construye un nido de barro, es una semitaza, parecida a la golondrina común, el interior lo recubre de pelo, plumas y musgo; la puesta consta de 4 huevos, la incubación corre principalmente a cargo de la hembra y a los 14 días eclosionan los huevos; los pollos vuelan a 18-20 días y son alimentados por ambos progenitores.

Es un ave discreta y silenciosa, con un canto gorjeo apagado y encadenado en la época de celo, algunos sonido de contacto tipo prrit. Le gusta tomar el sol en paredes rocosas y salientes de edificios, aunque la mayor parte del tiempo está volando en busca de insectos.

Tanto en número como en comportamiento es mucho más discreto que sus parientes, además no vive tan ligado a ambientes humanos como la golondrina común o el avión común, por lo que pasa mucho más desapercibido en nuestro entorno.

En mi caso, lo conozco desde pequeño, lo veía en una garganta fluvial que solía recorrer, recuerdo que era muy difícil localizar su nido, ya que estaba camuflado en las paredes rocosas, entre salientes y de barro mimético con el entorno, lo que era todo un reto.

Fuente: SEO/Birdlife y mi experiencia.

Fotos de la Hospedería de Monfragüe.

Mayo 2018.

Postura para tomar el sol, mayo 2018.

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